Adicción. Pero de la buena.

¿Sabes cuando te comes una patata frita y no puedes parar? A mi me pasa con las almendras garrapiñadas que hace mi madre.

Es entrar en su casa cuando las está cocinando para que mi boca empiece a babear como la de Kira y Jack cuando les haces esperar un poco más para comer.

Esperar a que se enfríe el azúcar (importantísimo para no quemarte y hacerte llagas en la lengua) es para mi un suplicio.

Y cuando por fin llega el momento, ese en el que noto que el azúcar que cubre la almendra está frío y puedo comerme la primera… Ese momento es mi perdición. Me tienen que quitar el bote en el que mi madre las mete para que no me las coma todas.

Bueno, pues esa misma sensación que yo siento con las garrapiñadas, la veo en la cara, la noto en la voz, la noto en sus chats de WhatsApp, de esas mujeres a las que ayudamos a salir en prensa.

Y esa sensación se llama adicción.

Pero adicción de la buena. No como la mía con las almendras, que el azúcar del garrapiñado se me sube a la cabeza y no soy persona

Ellas también quieren más. Esa adicción se genera alrededor de sus negocios, creyendo más en ellos y esperando que otro periodista vuelva a querer a contar su historia.

Así es esto de salir en los medios.

¿Me cuentas tu qué te genera a ti esa adicción, pero de la buena?

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